lunes, 22 de octubre de 2012

Los dichos y Granada

Proverbios, refranes, dichos...buscad un pueblo sin chascarrillos y habréis encontrado un pueblo sin historia, un pueblo muerto, sin padres ni hijos.

Los refranes y frases hechas son parte importante para entender la cultura de un lugar; y si ese lugar es España, la cosa es más seria.
Aquí os traigo una pequeña selección de dichos que tienen que ver de un modo u otro con la ciudad de Granada.

Espero que os gusten...



Las cuentas del Gran Capitán

Eso debió de pensar la reina Isabel I cuando el magnífico militar cordobés que vivió y murió en Granada tuvo a bien presentarle los elevados costes de su campaña en la conquista de Nápoles.
Por su respuesta, se emplea esta expresión cuando nos presentan cuentas poco pormenorizadas o que no están del todo claras.

Que salga el sol por Antequera

Que nada importa, que todo está bien o tan mal que no hay solución. En fin, esto solían decir los caballeros cristianos que participaron en la toma de Granada para indicar la indiferencia ante las situaciones que podían vivirse en 1491, con la ciudad casi tomada.
Desde dónde se encontraban, es imposible que el sol saliera por Antequera.

A enemigo que huye, puente de plata

Otra frase del militar Gonzalo Fernández de Córdoba, quien advirtió que era mucho mejor dejar huir al enemigo que complicar una victoria.

Ser más feo que Picio

Desde luego, el pobre Picio, zapatero granadino, no debió de quedar muy complacido con el hecho de ser ejemplo de fealdad; no obstante, mereció la pena: se cuenta que Picio fue condenado a muerte por un tribunal en Granada y posteriormente indultado.
Tal fue la impresión que le causó la noticia que perdió el pelo, algunos dientes, y hasta las formas, por lo que quedó como muestra de fealdad.

Llora como una mujer lo que no supiste defender como un hombre

Se trata, sin duda, de una de las frases más famosas que se hayan podido pronunciar jamás en tierras granadinas. A la salida de la ciudad, tomada ya por los cristianos, completada la Reconquista, Boabdil el Chico fue reprendido de este modo por su madre cuando aquel volvió la vista a la ciudad y no pudo evitar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.

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