Mostrando entradas con la etiqueta tren. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tren. Mostrar todas las entradas

lunes, 18 de marzo de 2013

Erasmus en Roma: Viaje a Florencia (II)

Ya hemos hecho un brevísimo recorrido por la historia de Florencia, la capital renacentista de Italia, y hemos aprendido algunas curiosidades sobre la ciudad y los personajes que la hicieron famosa. Ahora toca, si os parece bien, el relato sobre cuándo, cómo y dónde llegué, así como los lugares que visité y que hoy tengo a bien recomendaros.

Cuándo y cómo llegar

Las noches romanas pueden jugar una mala pasada al viajero que, como yo entonces, se disponga a conocer la bota de Europa. Esta fue la razón, si no recuerdo mal y la lengua no me arde lo suficiente, por la que casi no logré subirme al tren que debía llevarme hasta la bella capital toscana; pero mi ansia de viaje pudo con el cansancio y poco después de las seis de la madrugada me encontré cómodamente sentado en uno de esas máquinas que tanto aman los románticos.

La duración del viaje puede variar en función del tipo de tren que decidamos tomar. Mi viaje duró entre tres y cuatro horas, que no disfruté del todo debido a la impenetrable niebla que cubrió el paisaje durante casi todo el trayecto. Sólo en algunos tramos en los que el fenómeno se suavizaba, pude distinguir prados tan verdes como los que me sorprendieron años atrás al cruzar tierras galas, pequeños caseríos y alguna explotación ganadera que me hizo recordar -lo siento, pero aún se me dibuja una sonrisa cuando las veo por España- las ovejas y caballos con los que tanto disfrutaba al cruzármelos por alguna carretera secundaria.

De esta manera, a no mucho más tarde de las nueve de la mañana, descendía del vagón y ponía por primera vez en mi vida un pie en tierra toscana. Florencia se abría durante los dos próximos días ante mí, y tenía que disfrutarla al máximo.

Dónde hospedarse

No os engaño: detesto tener que dar rodeos para alcanzar mis alojamientos cada vez que tengo que salir, pero esta vez consideré buena idea alojarme al otro lado de la ciudad, de modo que de camino a mi albergue, pude ver los principales monumentos de la ciudad.

Hasta el lugar donde me alojaría esa y otra noche más, sin demasiados requiebros callejeros, pude admirar la Signoria, la Piazza della Repubblica, el Palazzo degli Ufizzi, Ponte Vecchio, etc. Y dónde me hospedé, se preguntarán muchos de los ansiosos lectores. Pues bien, aquí os dejo los datos de contacto:

Via Santa Monaca, 6
Tlfno: 39 010222457

Se trata de un albergue juvenil en el que por menos de 15 euros tiene el viajero una confortable litera -en habitaciones diferenciadas por sexo-, un baño comunal limpio y un trato excelente, como es habitual en el país vecino. Aunque no puede el viajero esperar grandes lujos en este lugar -y yo no se los recomiendo a nadie- su posición en la ciudad es inmejorable, ya que a tan sólo unos pasos podemos encontrar también un locutorio, un supermercado, y numerosos locales donde degustar pizza al taglio, kebab, etc.

No obstante, si uno quiere comer bien a buen precio, es mejor darse un paseo por las pizzerías del centro, especialmente las cercanas a la Signoria y la Piazza della Repubblica. Aún así, merece la pena el sitio, como decía, ya que cuenta también con una amplísima cocina común en la que poder prepararte tu propia comida, un enorme "salón" con posibilidad de conexión a Internet y ordenadores propios, lavadoras, etc. Todo, recalco, por un módico precio.

Qué ver

Toda la ciudad es una maravilla para los sentidos. Donde un grupo de música no te arranca un baile, un artista hace lo propio con la risa a base de caricaturas; donde el aroma a pizza es menos intenso, las obras de arte embriagan la vista. Pero, claro está, decir esto y no decir nada viene a ser lo mismo.

Algunos de los lugares que el visitante no puede dejar de ver son il Duomo, diseñado en el siglo XIV por Brunelleschi, con su enorme cúpula que el viajero no puede olvidar visitar, y su campanario, diseñado por el pintor Giotto, con una subida que dejará al caminante sin aliento y unas vistas que resucitarán los ánimos. O el baptisterio, cuyas puertas son llamadas "las del Paraíso" por un comentario de Buonarotti.

Y a pocos metros de allí se encuentran la Piazza della Repubblica, cuyo nombre ha ido cambiando con el paso del tiempo, y la célebre Signoria, desde donde se gobernaba la ciudad durante la Edad Media y el Renacimiento. Precisamente allí podemos ver réplicas de decenas de obras escultóricas -las originales se encuentran dentro del museo-. Más adelante se levanta la Galleria degli Uffizi, un extraordinario museo donde encontraremos obras de Caravaggio, Boticelli y otros grandes artistas italianos.

Al cruzar la columnata del museo, nuestros ojos se deleitan con la visión del archiconocido Ponte Vecchio, con sus bellos ventanales y sus joyerías. Y museos. El viajero no puede dejar de ver alguno de los museos que salpican la capital renacentista.

Entre esos museos están el Palazzo Pazzi, el museo de la ciencia o Museo Galileo Galilei, y la casas-museo de Dante y de Miguel Ángel.
Además, el viajero ávido de cultural religiosa tiene a su disposición decenas de pequeñas iglesias en las que admirar fresco, estatuas y tumbas. O el lindo mercado en el que adquirir tejidos y recuerdos a buen precio. O las callejuelas. O el río. O los puentes...

Por su belleza, no fue agradable para mí tener que dejar Florencia camino de Pisa, donde cambiaría de tren para llegar, un día después a una Génova que prometía ser tan rica en experiencias como en vistas.

lunes, 25 de febrero de 2013

El AVE, un medio cada vez más competitivo para conocer España

El pasado 16 de enero, la ministra Ana Pastor anunció que los billetes del AVE se abaratarían, en función de la demanda, para hacer del tren un medio de transporte competitivo y accesible a todos los ciudadanos, tan válido para los viajeros como los vuelos de bajo coste. Sólo una semana después, volvió a anunciar, esta vez en Antena 3, que los precios tendrían descuentos de entre el 30% y el 70%; y lanó un mensaje claro: la alta velocidad llegará a Galicia en 2018; aunque esta, como la mayoría de promesas de la mayoría de ministerios dedicados a las obras públicas en el mundo, aún está por ver.

El caso es que, más allá de promesas políticas, RENFE, la sociedad nacional de ferrocarriles, ha bajado sus precios de forma general un 11% desde el 8 de febrero de 2013, lo que contribuye en buena medida a poner coto a los -en ocasiones- abusivos precios de la alta velocidad en España, que han hecho del tren un medio limpio pero poco rentable a los ojos de los viajeros españoles.

Los descuentos de hasta el 30% anunciados por la ministra de Fomento entrarán en vigor en marzo para jóvenes menores de 26 años, mientras que otro descuento del 20% para viajes múltiples hará lo propio a partir de junio. Pero los descuentos no se quedan ahí: junto a los denominados "Promo", RENFE ha ideado otro descuento llamado "Mesa" por el que un grupo de cuatro personas podrá viajar con hasta un 60% de descuento. Y por si esto fuera poco, se ha presentado también el "Bono AVE", con descuentos de hasta el 35% en cada viaje del total de los 10 incluidos en la oferta. Asimismo, se realizarán los tradicionales descuentos del 40% de los billetes para viajes de ida y vuelta, pero aplicando el 20% en cada billete, y no el total del porcentaje sobre el billete de vuelta.

Estos descuentos coinciden en el tiempo con los llevados a cabo por la SNCF en Francia, cuya alta velocidad se ha sometido a una importante democratización, tal como publiqué el pasado viernes; así como con la apertura de una nueva línea ferroviaria de alta velocidad entre España y Francia.

Se trata, sin duda, de una importantísima apuesta por el tren como medio de transporte frente a otros que han ido despuntando a lo largo de los últimos años, tales como el avión. Puede, como dije en la anterior entrada, que el tren deje de ser el símbolo del pasado de Europa para convertirse en su futuro. No por nada el ferrocarril ha representado siempre el progreso a uno y otro lado del océano.

Pero eso está por ver, como dije antes. Sólo nos queda esperar al compás del chacahá...




viernes, 22 de febrero de 2013

La alta velocidad "low cost" es una realidad en Francia

Sí, decid que me obsesionan los trenes. No os cortéis. Pero es que pocos medios de transporte hay en el mundo tan limpios y románticos como el ferrocarril. Ya hemos tenido la oportunidad de conocer algo sobre este medio en este mismo espacio, y hoy me he propuesto volver a la carga porque el tren vuelve a estar de actualidad tanto a un lado como a otro de los Pirineos.
Y, como pedisteis el verano pasado, queridos compañeros de viaje, la actualidad tiene que hacerse realidad en Por caminos y ciudades.

Pese a que el tren ha sido el protagonista estas semanas en España gracias a la nueva política de precios de RENFE, la entrada de hoy viene directamente desde el país del queso y el amor. Y es que Francia ha estrenado sus primeros vagones de alta velocidad low cost; es decir, a bajo coste. Una apuesta por la competitividad del ferrocarril galo frente a la alta velocidad china, de la que ya se habló también en este espacio.

Los billetes pueden comprarse desde el martes 19 de febrero de 2013 a partir de, nada más y nada menos, 10 euros; lo que convierte a este servicio en el más competitivo de Europa. Se eliminan, eso sí, el vagón cafetería y las comodidades de la clase Premium, pero merecerá la pena si se puede seguir disfrutando del medio a un precio igual o menor que los de las aerolíneas; aunque se calcula que empiece a ser rentable a partir de 2017, una vez reembolsados los diez millones de euros de inversión inicial. Estos nuevos vagones, llamados Ouigo, podrán dar cabida a un total de 1.268 pasajeros, un 20% más que los vagones "tradicionales" de alta velocidad francesa.

Entre los principales peros de este nuevo servicio se encuentran el hecho de que hará falta reservar con mucha antelación para poder obtener uno de esos 400.000 billetes a 10 euros, y, quizá lo peor, que la circulación es únicamente hacia el sur, entre Saint-Exupéry y Marsella -que estará de moda todo este año- y entre Marne-la-Vallée, Lyon y Montpellier.

Esta noticia está muy relacionada en el tiempo con la del abaratamiento de los precios por parte de RENFE y el anuncio de creación de una nueva línea de alta velocidad que ya une Francia y España. Parece que la SNCF, versión gala de la RENFE, está dispuesta a hacer del tren el nuevo motor del turismo y la economía en Europa.

Aunque no podemos saber todavía si el proyecto de una Europa fuerte a través del ferrocarril se hará realidad, sí sabemos que la sociedad francesa logró un beneficio neto de 383 millones de euros (+272 % respecto a 2011) y un volumen de negocios de 33.800 millones de euros (+3 %), pese al descenso de viajeros en tren, cifra que se situó alrededor de los 102 millones de pasajeros.

Esperemos que recorrer Europa en tren, especialmente para los españoles, sea por fin un sueño de fácil consecución. Y los europeos podamos mirar nuevamente al tren como el medio que nos definió.

lunes, 21 de enero de 2013

China y la línea ferroviaria más larga del mundo

Esta Navidad me levanté raro y me dije "lee el periódico, Paquito, que hoy te va a gustar". Y eso hice. Ya os he traído entradas relacionadas con China -al menos se mencionaba al giante asiático- y en una entrada anterior os hablé del tren como el mejor medio para recorrer Italia dentro de la serie "Erasmus en Roma". Bien, pues el día 26 de diciembre de 2012 lo astros se alinearon y ambos elementos se conjugaron.

Ya, dicho así parece una tontería más, pero no lo es: la todopoderosa China inauguró ese mismo día la línea de alta velocidad más larga del mundo con un eje de 2.298 kilómetros que une la capital con Cantón, la ciudad más próspera del sur del país.

Parece mucho, ¿verdad? Pues esa distancia será recorrida por el tren bala en unas ocho horas, casi doce horas menos que los trenes convencionales. La velocidad, para los amantes de los cálculos, es de unos 300 km/h. De este modo, el gigante consigue batir un nuevo récord y deja atrás a sus posibles competidores al tiempo que demuestra qué país marcará las pautas de desarrollo en estos dos siglos.

Y no es el único récord que bate China en el campo de lo transportes. El 27 de diciembre de 2009 -por lo visto no tienen nada mejor que hacer en Navidad- el país asiático presentó el tren más rápido del mundo, capaz de recorrer en tres horas la distancia entre Wuhan, capital de la región de Hubei, y Cantón.

Sin duda, la conclusión de este nuevo proyecto ferroviario supone un nuevo giro de tuerca en la pugna entre las compañías ferroviarias y las aerolíneas del país, enzarzadas en una guerra de viajeros que muchos echamos en falta en tierras más cercanas. Y con su apertura el gobierno "cumple" con parte de sus objetivos en materia de transportes públicos: más de 9.000 kilómetros de línea ferroviaria frente a los 16.000 proyectados para finales de 2012 con trenes en circulación con una velocidad media de 350 km/h.

Todo un notición para los amantes del tren y para quienes aconsejamos el uso de estos transportes en distancias largas.







lunes, 10 de diciembre de 2012

El tren, medio lento pero seguro para desplazarse por Italia

Antes de hablaros de mis dos grandes viajes por el país vecino, uno al norte y otro al sur, y de cómo utilicé el tren como medio de transporte, fuesen cuales fuesen los destinos, la duración de mi estancia allí y mis deseos de viajar más o menos cómodo, me parece justo y de vital importancia daros algunas pinceladas sobre este medio y su importancia.

Los trenes

En Italia existen ocho grandes trenes con usos más o menos específicos dentro del sistema ferroviario.

El primer tipo es el de alta velocidad, que cuenta con dos grandes trenes: el Frecciarossa y el Frecciargento.
El primer tren alcanza velocidades de hasta 360 km/h. Es el tren estrella, la flecha de los trenes italianos. Caro tanto para el turista como para los propios italianos, ofrece conexiones inmediatas entre Turín, Milán, Bolonia, Florencia, Roma, Nápoles y Salerno.
El segundo tren, el Frecciargento puede alcanzar 100 km/h. menos que su hermano y une las ciudades de Roma, Vencia, Verona, Bari/Lecce, Lamezia, Terme y la región de Calabria.

El Frecciabianca alcanza los 200 km/h. y une las ciudades de Milán, Venecia, Udina y Treste, Génoa y Roma, y la Riviera adriática hasta Bari con Lecce. Es el mayor de los trenes de la red tradicional, y cuenta con servicios como restaurante, limpieza continua y una bebida de bienvenida con productos de calidad para los viajeros de primera clase.

Para el viajero amante de los viajes más lentos, más bohemios, están los Intercity y los Treni Notte. Los Intercity son los encargados de unir las ciudades, sea cual sea la distancia, entre regiones; no hay que confundirlos con los Interegionali o treni per il trasporto locale.
Es el tipo de tren más empleado para los viajes largos para los que uno no tenga especial prisa; ofrecen un buen precio y flexibilidad horaria.

Los trenes nocturnos no tienen una calidad especial. Como los Intercity, suelen ir abarrotados y, pese a que el tren cuenta con "vagones cama", es frecuente que la gente se agolpe en los pasillos por falta de espacio; aún con todo, me fueron muy útiles pues me desplazaba de noche.

Los trenes de transporte local o regionales circulan para unir localidades de la misma región o, como mucho, entre ciudades de regiones limítrofes. El billete es más pequeño y de color rosado, es más barato, pero menos útil para viajes largos.

Otro tipo es el Eurostar Italia, para unir Roma con Calabria y Rávena. Y, finalmente, encontramos los trenes internacionales: el Eurocity y el Euronight, que unen Italia con numerosos países europeos.

En cuanto al estado de los trenes, cabe decir que, salvo los de alta velocidad, no ofrecen muchas prestaciones ni son excesivamente cómodos, por lo que recomiendo a cualquier crítico con los trenes españoles que pruebe a viajar en ellos por Italia.
Se trata de máquinas viejas y de interiores sucios que, a menudo, se estropean y llegan con retrasos enormes (incluso la alta velocidad); pero ofrecen vistas y momentos como no ofrecen los trenes de ningún otro lugar.

El sistema

Cierto es que las máquinas no son, ni de lejos, las del orgullo británico, francés o alemán; pero hasta ahora conozco pocos países con un sistema de trenes tan bien fusionado con el territorio. Frente a la paupérrima situación de la tecnología ferroviaria italiana, su sistema destaca por lograr una enorme cohesión entre todos los territorios del país, lo que convierte al tren en la columna vertebral de la nación.

Todas las grandes ciudades están conectadas y hasta los pueblos más pequeños cuentan con estación de ferrocarril. Si hubiera que puntuar al sistema italiano del 1 al 10, merecería un 12.

Una prueba más de la eficacia del sistema ferroviario italiano es que en cualquier estación, grande o pequeña, hay decenas de máquinas donde comprar los billetes, cada una destinada a un tipo concreto de tren. Y todo coordinado por Trenitalia, algo parecido a la Renfe española.

Los precios

Obviamente, los precios pueden oscilar dependiendo del tipo de tren, de la distancia a recorrer y del número de transbordos que se tengan que llevar a cabo.

Yo recomiendo viajar siempre que se pueda con los Intercity que, aunque pueden resultar caros si el trayecto es demasiado largo, siempre son mucho más rentables y baratos que los trenes españoles y el resto de sus primos italianos.

Si al viajero, aventurero y algo bohemio por definición, no le importa ceder parte de la comodidad, la relación calidad-precio le parecerá bastante buena.

martes, 31 de enero de 2012

Erasmus en Roma: llegada al destino

"Un viaje de mil millas comienza
con un primer paso".
Lao-Tse



Este viaje comienza, como dije en mi anterior entrada, en Vera el 22 de septiembre de 2011. Desde allí, de noche aún, me dirigí a la estación de autobuses de Murcia, donde cogí el autobús que me llevaría a la Terminal 4 del aeropuerto de Madrid-Barajas para volar, finalmente, al aeropuerto de Ciampino (Roma).
Pero vayamos por partes, pues no quiero dejar a nadie sin la oportunidad de divagar un tanto sobre la posibilidad de usar otros medios diferentes al autobús; en este caso, el tren.
Lo cierto es que, desde que tuve que empezar a organizar el viaje y la posterior estancia en la capital italiana, rondó por mi mente la posibilidad de utilizar el tren desde Lorca, ciudad cercana a Vera, o Murcia dirección Madrid.
Esta idea ha de abandonarla pronto el viajero fustigado por el tiempo de los transbordos, como me encontraba yo mismo, por los siguientes motivos:

El tren de Lorca a Madrid –pensé en esta localidad murciana por ser la más próxima a Vera con conexiones ferroviarias– no es directo y cubre sólo el litoral mediterráneo hasta Narbona (Francia). Murcia ofrece, por otro lado, una buena conexión con la capital española gracias al ferrocarril. Aunque el billete resulta algo más caro que el del autobús, la reducción del tiempo no es despreciable.

Sin embargo, la falta de trenes que cubrieran una mayor franja de tiempo –sólo circulaba un tren por la mañana y otro por la tarde, sobre las 19:00h– terminó de convencerme de que el autobús era la mejor solución, pues ofrece una amplia posibilidad de elección de horarios y una mejor relación coste/tiempo; especialmente al moverse con los de clase Supra.

De este modo, mi autobús partió casi puntual en la medianoche del 22 al 23 de septiembre de 2011 con destino directo a la T4 de Madrid-Barajas, donde llegué con increíble puntualidad a las 4:50h de la madrugada del 23 de septiembre.

De la T4 a la T1, terminal desde donde vuela Ryanair, no lleva al viajero más de 15 minutos gracias al servicio de tránsito aeroportuario, pequeño autobús que cubre la línea entre las cuatro terminales de Madrid-Barajas; de modo que a poco más tarde de las 5:00h estaba ya esperando para facturar y pasando todos los controles de seguridad del aeropuerto.

Cierto es que los vuelos de Ryanair son baratos, especialmente si se compran con tantos meses de antelación, pero también es cierto que no recomendaría a nadie realizar un tipo de viaje como este con la aerolínea irlandesa por sus elevadas tasas de facturación. Al hilo de esto, y para evitar complicaciones a los futuros viajeros, quisiera recordarles que los mostradores de la compañía se encuentran situados a mano izquierda, al final de un pasillo, se entre desde donde se entre a la terminal.

A las 9:35h partía el vuelo. Por delante quedaban algo más de dos horas y media para aterrizar en el aeropuerto de Ciampino. Huelga decir que es impresionante la vista de la capital italiana desde el aire. Si el viajero tiene la oportunidad de aterrizar en Ciampino –yo lo recomiendo– podrá disfrutar del acueducto, el Vaticano, el Coliseo, los campos interiores y otras maravillas desde una posición privilegiada.
Lamento, ahora que lo pienso, no haber realizado fotografías de aquel espectáculo visual como sí he hecho en viajes anteriores; pero en aquel momento estaba tan maravillado, que la cámara fue lo último que se me pasó por la cabeza. En cualquier caso, vale más disfrutar de la experiencia en persona que miles de descripciones escritas.

Poco más tarde de las doce del mediodía –la franja horaria es la misma en España que en Italia– puse el primer pie en tierra italiana. La emoción era indescriptible, absoluta y, a día de hoy, aún no ha desaparecido.
Para el viajero que, habituado a ir y venir de una ciudad a otra, no haya tenido el placer de visitar Roma no me quedan sino palabras de felicitación, pues tiene aún la posibilidad de conocer, más que una ciudad, un mundo.

Prosigo con el relato de mi llegada. El aeropuerto de Ciampino es realmente pequeño y, en cierto modo, me recuerda al de Almería.
Poco tiempo después de mi entrada al edificio, recogí la maleta e intenté obtener un mapa gratuito de la ciudad que ofrecen en una pequeña ventanilla situada a la derecha de las cintas transportadoras.
Mi sorpresa fue mayúscula cuando me anunciaron que no quedaban. Con el tiempo, y tras muchos disgustos, me iría acostumbrando al modo de hacer italiano, ese extraño “va a ser que no he caído en eso hasta ahora…ahora sí, gracias…ya me levantaré”.

El aeropuerto está bien conectado con el centro gracias a una serie de autobuses que te llevan directamente a Termini, así como a otros que te llevan a la estación de tren de Ciampino, desde donde se puede sacar un billete de tren por un euro hasta Termini.
Sin embargo, en mi primer viaje a Roma no hice uso de ninguno de los medios. Me esperaba, o mejor dicho, esperé a que llegara el coche que habría de recogerme y dejarme frente a mi hotel cerca de Via Nazionale, una de las principales calles de la ciudad.

El coche circuló por una estrecha carretera, Via Apia Nuova, la única que conecta el aeropuerto con la capital. Y, tras un breve paseo en coche, acompañado de los generosos comentarios turísticos del conductor, un egipcio residente en Roma desde hacía más de 30 años, pude hacerme una idea de la situación de algunos de los edificios y monumentos más emblemáticos de Roma.

Huelga decir que la boca no respondía, abierta como estaba por las maravillosas obras con las que me encontraba a lo largo del trayecto.
Por fin, a cerca de las 15:00h del 23 de septiembre de 2011, me encontraba alojado en mi hotel; pero, claro está, esa es otra historia…