lunes, 6 de mayo de 2013

Erasmus en Roma: Viaje a Génova (I)




Avanzamos en el viaje por tierras ítalas. Nos dirigimos cada vez más al norte de la bota de Europa. De Florencia, capital renacentista, pasamos a Génova, en otro tiempo centro marítimo y económico del Mediterráneo, madre de la banca, cuna de descubridores, enemiga y fundadora de imperios.
La ciudad se levanta sobre la montaña, asomada al mar que le da la vida. Sus callejuelas conservan aún ese aroma fuerte a salitre, y su puerto es todavía centro y eje de un universo de mar e historia.

Tres días después de mi paso por Florencia y tras una escala en Pisa, la ciudad de Cristóbal Colón se abría ante los ojos de este humilde viajero.

Génova, ciudad marinera

La historia de Génova comienza en la Prehistoria. Se han encontrado restos de la antigua ciudad de la Edad del Bronce en Piazza Brignole. Destruida por los cartagineses y reconstruida por los romanos, la ciudad vio inmediatamente en el mar la oportunidad de convertirse en la potencia que llegó a ser.

La expansión de la ciudad fue vital para la expulsión de los sarracenos de Europa -lo que contribuyó en buena medida a la recuperación del continente para el Cristianismo-, cuando, aliada con Pisa y enemiga de la ciudad después, arrebató el control de Cerdeña y Córcega a los musulmanes de ambas islas. Como Roma tras la conquista de Sicilia a los cartagineses, la capital Ligur comenzaba en las islas de los mares Ligur y Tirreno su particular singladura.
Dicho recorrido pasaría por las Cruzadas en la Edad Media y por crueles batallas contra Venecia y Pisa por el dominio del Mediterráneo, de las que saldría victoriosa y fortalecido su poder en la célebre Batalla de Meloria.

Con la toma de la ciudad por las tropas españolas del rey Carlos I en 1522 y con la nueva constitución redactada en 1528 por Andrea Doria, que la convertía en un estado satélite de España, el poderío naval y comercial de la ciudad empezó a disiparse en la niebla que la historia reserva a quienes todo lo tuvieron y todo lo perdieron. No obstante, Génova supo mantener el puesto entre las primeras ciudades del Imperio español, y aunque progresivamente perdía posesiones y peso político, gracias a la genialidad de sus ciudadanos, magníficos político, comerciantes y banqueros, conservó Córcega hasta 1768.

Y la ciudad que antaño conformara su propio imperio político y comercial, entró a formar parte hasta 1815 de otro mayor: el Imperio francés. Así fue como el mito genovés se desvanecía definitivamente en los oscuros abismos de la historia.

Ya en los siglos XIX y XX vio resurgir su importancia como ciudad portuaria gracias a la industrias naval y química, así como a la construcción del ferrocarril transalpino, con el que abrió nuevas rutas para productos y visitantes. En 2004 fue nombrada, como no podía ser de otro modo, Capital Europea de la Cultura, título que ostenta, en el momento de redactar esta primera entrada sobre Génova, la ciudad francesa de Marsella.

Genoveses ilustres

Génova es cuna de numerosos personajes que han dado brillo a la historia de un país que en cada rincón pare artistas, soldados e inventores. Aunque en menor medida que Florencia, la ciudad mediterránea ocupa un lugar importante en su aporte humano a Italia.

Entre los personajes más importantes que al mundo ha dado esta ciudad, está Andrea Doria, el excelente almirante -no podía ser de otro modo- que en 1528 pasa a servir al emperador Carlos I de España en el Mediterráneo, para el que logrará innumerables victorias, y elaboró la nueva constitución de la ciudad favorable al mismo emperador.

Otro de los grandes -si es que hay alguien pequeño- es el general Ambrosio Spinola. Uno de los mayores generales del Siglo de Oro español, es símbolo de su época. Nacido en una familia noble, rápidamente entró al servicio de la España imperial y con el tercio que se llevaba su apellido tomó, entre otras ciudades, la neerlandesa Breda. Aunque terminó mal sus días, su nombre siempre ocupó y ocupará un lugar especial en el imaginario español.

Y aunque hay muchos más ciudadanos ilustres, tales como Garibaldi -aunque en realidad nació en Niza-, nos quedamos por último con un personaje que los superó a todos en fama y que conocen perfectamente también al otro lado del Atlántico, donde este blog cuenta con numerosos lectores ya. Hablo, efectivamente, del gran navegante y descubridor Cristóbal Colón, quien abrió paso al Nuevo Mundo el 12 de octubre de 1492.
Con él se da el cambio de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea en Occidente y se abre el camino de España a la historia de los grandes imperios. Y aunque la empresa de aquel y de la otra son hoy en día criticados por muchos, lo cierto es que la historia no puede cambiarse y el resultado es el hermanamiento hoy de dos continentes.

En la próxima entrada os contaré dónde me alojé, qué vi y cómo siente uno la emoción de estar en Génova. Pero, como yo siempre digo, eso es otra historia...

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